Estudiante del Tec de Monterrey vive en una Cisterna, por alto costo de rentas de una habitación de 3 por 2 en $6,000.00 pesos.
- Acontecer San Luis

- 11 oct 2025
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Estudiante del Tec de Monterrey vive en una Cisterna, por alto costo de rentas de una habitación de 3 por 2 en $6,000.00 pesos.
Se mudó a una cisterna para evitar largos trayectos a su universidad: el caso de Sergio y el alto costo de rentar en CDMX
Sábado 11 de octubre de 2025
Un video de apenas minuto y medio bastó para que Sergio Varela, estudiante de Ingeniería Biomédica del Tecnológico de Monterrey, se convirtiera en tendencia nacional y reavivara uno de los temas más sensibles para los jóvenes en la capital: el costo inalcanzable de la vivienda. Su historia, difundida en TikTok, muestra cómo decidió mudarse a una cisterna habilitada como vivienda, en el sur de la Ciudad de México, para evitar los extenuantes trayectos diarios desde su hogar en Atizapán de Zaragoza, Estado de México.
De Atizapán a una cisterna: la búsqueda de un espacio propio
Sergio, de 20 años, cursa su tercer año de Ingeniería Biomédica. Durante un semestre viajó diariamente más de 90 kilómetros para asistir a clases en el campus Ciudad de México del Tec de Monterrey. Los trayectos podían durar entre una y tres horas por sentido, dependiendo del tráfico.
“Era demasiado tiempo perdido. Me la pasaba en el transporte, cansado, sin poder concentrarme. Empecé a buscar opciones cerca de la escuela, pero los precios eran imposibles”, relató el joven en entrevista.
Al revisar las opciones de renta en la zona, encontró cuartos compartidos de apenas tres por dos metros, con rentas que oscilaban entre 5,500 y 6,000 pesos mensuales. “No me gustaba la idea de compartir con roomies. Entonces un familiar me ofreció una bodega, o cisterna, que tenía disponible. Vine a verla y decidí adaptarla. En dos semanas ya tenía mi propio espacio”, contó.
Un “hogar” improvisado
El lugar que Sergio transformó se encuentra debajo del estacionamiento de un edificio. Para ingresar, debe pasar por una escotilla de apenas 85 por 85 centímetros. En el interior, logró acondicionar un área de descanso con cama, un pequeño sillón, una televisión, su computadora y una improvisada cocina con microondas, refrigerador, parrilla eléctrica y lava trastes.
“El mayor reto fue meter los muebles, porque el acceso es muy pequeño. Lo demás fue cuestión de acomodar y adaptarme”, explica.
No todo es funcionalidad. El espacio carece de baño y drenaje. Para ir al sanitario debe subir al primer piso del edificio, y debajo del lava trastes instaló un bote de 50 litros donde se acumulan los residuos del agua, que vacía cada cierto tiempo.
Aun así, Sergio asegura que el espacio cumple con sus necesidades. “Tengo privacidad, comodidad y sobre todo cercanía con la escuela. Estoy a 10 o 15 minutos. Eso me cambia completamente el día”, afirma.
Vivir en la cisterna o pasar tres horas en el tráfico
Para Sergio, la decisión no fue sencilla ni está exenta de críticas. Su familia, al igual que miles de usuarios en redes sociales, cuestionó que eligiera vivir en una cisterna. “Mis papás piensan que hubiera sido mejor seguir viajando o compartir un departamento. Pero ya me adapté. No es lo ideal, pero me siento contento aquí”, dice con serenidad.
Su objetivo, insiste, es terminar la carrera y comenzar a trabajar para mudarse a un espacio “normal”. Mientras tanto, su improvisado hogar es símbolo de ingenio, pero también del profundo problema habitacional que enfrenta la Ciudad de México.
El costo de vivir en la capital
El caso de Sergio refleja la situación de miles de jóvenes que enfrentan rentas impagables. En la actualidad, el precio promedio de una vivienda en renta en la Ciudad de México supera los 12 mil pesos mensuales, incluso en colonias antes consideradas populares. En zonas céntricas, los costos pueden duplicarse.
Mientras tanto, los ingresos promedio de los jóvenes —entre 7 mil y 8 mil pesos mensuales— apenas cubren lo necesario para sobrevivir. La diferencia entre los salarios y las rentas ha empujado a muchos a buscar alternativas precarias: cuartos improvisados, viviendas sin servicios básicos o espacios compartidos con desconocidos.
A ello se suma la gentrificación, los proyectos de lujo, la especulación inmobiliaria y las plataformas de alquiler temporal, que han contribuido a encarecer aún más la vivienda en la capital.
Falta de recursos: el motivo más común para rentar
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Vivienda (ENVI) del INEGI, el 46 por ciento de las personas que rentan en la Ciudad de México lo hacen por falta de recursos o acceso a crédito para adquirir una vivienda propia. A nivel nacional, el porcentaje asciende al 51.4 por ciento.
En 2020, la capital contaba con más de 2.7 millones de viviendas particulares habitadas, con un promedio de 3.3 personas por hogar. Tlalpan, donde vive Sergio, figura entre las alcaldías con mayor número de viviendas, con más de 200 mil registradas.
Reformas para frenar el abuso en las rentas
Ante esta crisis, el gobierno capitalino aprobó en 2024 una serie de reformas al Código Civil y a la Ley de Vivienda, con el objetivo de limitar los aumentos excesivos en las rentas. Ahora, los arrendadores solo pueden incrementar los precios hasta el porcentaje de inflación anual reportado por el Banco de México.
Las modificaciones también buscan sentar las bases para desarrollar vivienda en renta a bajo costo para jóvenes, madres solteras, trabajadores y personas en situación de vulnerabilidad. Sin embargo, especialistas advierten que la implementación de estas medidas aún es incipiente y no ha logrado frenar el alza de los precios.
Una historia que refleja una realidad colectiva
El caso de Sergio Varela es, en el fondo, la historia de miles de jóvenes que buscan sobrevivir y estudiar en una ciudad donde habitar dignamente se ha vuelto un privilegio.
Mientras continúa sus estudios y comparte su experiencia en redes sociales, su “cisterna-hogar” se ha convertido en un símbolo de ingenio, resistencia y, al mismo tiempo, una denuncia silenciosa del alto costo de la vida en la capital mexicana.
“Sé que no es lo ideal, pero aquí estoy, saliendo adelante. Al final, lo importante es seguir estudiando y no rendirme”, concluye Sergio, entre risas, en el pequeño espacio que él mismo convirtió en su refugio.



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